Imagen tomada de la red.
EL
VERANO DEL PASAPALABRA
La Abuela
Ida, fanática empedernida de un programa de televisión, ya sabes el
del Rosco.
En un especial de fin de año, salió favorecida con un
viaje en crucero para dos personas, por las islas del Mediterráneo.
Cuando recibió la noticia, se comunicó con la tía Remedios, irían
juntas, pero en primavera a la yaya le dio un ataque severo de
ciática, el médico le expuso que viajar en barco no sería tan
buena idea.
Ella se entristeció, iba a perder su premio, sí en el
término de dos semanas no encontraba quien le reemplazara.
La abuela
nos puso el pasaje en las manos a mi hermana Soledad y a mí,
diciéndonos que no despreciáramos esa oportunidad, que sería a
finales de agosto y nosotras nos encontraríamos de vacaciones.
En el
verano, estábamos en Valencia con Atila y Mario nuestros novios, que
no quisieron estar separados de nosotras, serían unas vacaciones
inolvidables, dijeron.
El barco era pequeño, pero cómodo, un
personal selecto. Se vivía una atmósfera, donde la intimidad,
exclusividad y el elevado servicio desbordaban las expectativas. A la
hora de la cena escuchamos el rumor, de que Eros se encontraba a
bordo, andaba de incógnito con una famosa vedette.
En la mañana ya
olvidado el artista, disfrutando del viaje en la cubierta, había un
sol esplendoroso, pero con la fuerte brisa no sentíamos calor. De un
momento a otro la corriente se convirtió en ventisca y el barco
empezó a zarandear, los chicos nos llevaban de vuelta a los
camarotes cuando una bandada de agua que taliaba lo que hallaba a su
paso se nos vino encima, todos entramos en pánico y no sabíamos
adonde dirigirnos.
Llegó el segundo oficial a bordo y con megáfono
en mano nos guio hasta estribor, donde nos embarcarían en los
salvavidas, debíamos abandonar el barco. Me sentí viviendo la peli
del hundimiento del Titanic.
Perdimos nuestro equipaje, solo Atila
llevaba una pequeña maleta donde tenía su equipo de fotografía, la
había sacado por si acaso. Fue entonces cuando apareció Eros
acompañado de su vedette, y tras ellos una mano de paparazzi, como
si su vida les fuera en ello y que con esas fotos en cambio, ganarían
un potosí.
Han pasado doce años, es verano de nuevo, nuestros hoy esposos, nos dieron esta
sorpresa, nos vamos a recorrer las islas del mediterráneo. Estamos
en el puerto de Valencia, empieza nuestra aventura.
©
María Vives