lunes, 12 de abril de 2021


 


Bruja

        Bruja, bruja, le gritaban los muchachos, tú lo que estás es loca; mientras las niñas la miraban y se reían burlonamente, disfrutaban verla así indefensa. Ella quería desaparecer, que la tierra se la tragara, literalmente hablando, ya no soportaba ni las burlas ni los cuchicheos de los demás.

        No quería volver al colegio, pero no podía dejar de asistir, pues su padre era maestro ahí y si ella faltaba él lo sabría de inmediato y entonces se le iba a armar la de Dios y Santa María. Ella evitaba estar cerca de las oficinas del colegio para que su padre no se fuera a enterar ni por equivocación de la persecución de que era objeto  y que siguiría hasta el día de su graduación y más allá...

        Todo comenzó un día de milnovecientos setenta y tres cuando su amiga Neyla, una chica de quince años que estudiaba en otra clase, le pidió un favor bastante extraño, pero que a la vez era como un reto para ella.
Oye Magdalena, me tienes que  ayudar. 
Bueno Neyla, te adelanto que si es algo de matemáticas, no cuentes conmigo. Yo misma soy muy mala para eso, pero dime, a ver que puedo hacer.

Mira, vamos a sentarnos allá en la parte de atrás, para que nadie nos moleste. La verdad es que es algo serio. Magdalena la miró intrigada y la siguió. Ya al final del patio de recreo, se sentaron en la grama, bajo un viejo árbol de acacia, Neyla sacó una par de refrescos de su mochila y le brindó uno a su amiga.

Bueno tú me dirás, si no es una cuestión matemática, ¿qué cosa tan seria, puede estar pasando contigo, para que creas que yo pueda ayudarte a resolverlo? Si estás embarazada, no me quiero ni enterar, olvídalo. ¿Dinero? Aparte de ser una pobre mortal, soy más pobre que el carajo, por ahí tampoco podrás entrar. Así que suelta la sopa pero ya, que se acaba el recreo y debemos subir a clases.

Podrías adivinar — contestó Neyla, con una sonrisa.
Si no te apuras, no podré ayudarte, así que pilas, ya me estás sacando de tino.

Espérate, déjame explicarte. Mira tú sabes que mis padres se separaron el año pasado y mi madre se fue a Venezuela a trabajar, así que me dejó con mi abuela. El problema es mi tío.
— ¿Tu tío? ¿Qué pasa con él?

Bueno, mi tío es un bueno para nada, y es un parásito, le vive sacando dinero a mi abuela y es para drogas, ella por supuesto no tiene ni puta idea, pero como lo adora por ser el menor de los hijos y ella cree que él no se ha casado solo por quedarse con ella y acompañarla en su vejez. Pero él es malo, te digo muy, muy malo.

— ¿Ajá, yo que puedo hacer? ¿No querrás involucrarme en un asesinato? Porque eso pareciera que es lo que quieres hacer con el pobre tipo. — Dijo Magdalena, haciéndose la señal de la cruz y en tono socarrón agregó — Dios me proteja de amigos como tú, de los enemigos me cuido yo solita.

No niña, tampoco soy una criminal, solamente quiero que vengas conmigo a mi casa, hoy no, pero en esta semana, pide permiso a tus padres y diles que yo te invito a comer a mi casa, tú sabes que tu papá me conoce y sabe que somos amigas, así que no te pondrán peros.

Bueno, si es con comida voy, pero no me metas en líos, que ya te conozco bien. Acuérdate de lo de Pedro y mira como terminó, no estoy dispuesta a que me castiguen por tu culpa y mucho menos que me metan en una correccional, por una de tus maravillosas ideas.

Cuando te dije que es serio, es verdad. Imagínate que mi abuela hizo una cita con sus abogados para la otra semana yo la escuché cuando hablaba con una amiga por teléfono y le dijo que le quiere dejar su herencia al vago de mi tío José y si eso pasa, y él se llega a enterar seguro que es capaz de matarla y entonces, ¿ dónde voy a ir yo? Porque si la asesina, que sé que lo haría, ni creas que él me va a dejar seguir viviendo en esa casa, además por lo que veo mi abuela no le dejará nada a mi mamá que también es su hija, ¿y yo, que va a ser de mí? Yo soy su única nieta, y mi madre me ha dejado a su cuidado, creo que es una maldad de mi abuela que le deje algo a ese malnacido, él no merece un peso de la fortuna de ella. Y… Magdalena no la dejó continuar y la interrumpió:

Pero si tu tío José es tan malo, ¿por qué no se lo haces ver a tu abuela?

Esa es la clave, sí, por eso es que hace varios días se me iluminó el bombillo y vi tu imagen.

— ¿Mi imagen? Mija, ni que yo tuviera cara ni de santa ni de bruja, ese lío que tienes en tu cabeza, te lo quita un psiquiatra o una buena tunda que te dé tu abuela, si tu tío no te da un cachetón antes que te mande al dentista de emergencia.

        En eso sonó el timbre que anunciaba el final de la pausa y Magdalena se levantó arreglando su uniforme, Neyla se agarró del brazo de su amiga para ayudarse a levantar, y quedando cara a cara, le dijo: 
Magda, ayúdame por favor, en el bus nos sentamos en la última banca y te cuento, ya verás que no es nada del otro mundo, será fácil, además tú has demostrado que tienes grandes dotes histriónicas por naturaleza, y eres muy ocurrente.

        Al llegar al rellano de las escaleras se dirigieron a sus respectivos salones, Magdalena, no dejaba de pensar, ¿qué quería su amiga de ella? Se repetía una y otra vez la última frase que su amiga había dicho con tanto énfasis “será fácil, además tú has demostrado que tienes grandes dotes histriónicas por naturaleza, y eres muy ocurrente.“ Ojalá no la fuera a meter en un berenjenal sin vuelta atrás.
        Sonó el timbre de final de clases, Magdalena iba saliendo cabizbaja, en dirección al parqueadero de la ruta escolar, sumida en sus pensamientos. Ya en la puerta del bus, tenía la esperanza de ver a su papá, pero de sobra sabía que todavía quedaban los de la sexta clase y su padre tenía que trabajar aun.
Puso el pie en el estribo del bus, cuando sintió una mano en su espalda y la voz de su amiga que la apremiaba.

Anda, apúrate, que nos quitan el puesto. Así que subió, como prisionero de camino al cadalso. Ya sentadas, Neyla quiso empezar a hablar y Magdalena con la cara más preocupada y triste, que de compinche levantó la mano en señal de ¡Para! Y le dijo: — Neyla, no he puesto atención a las clases por estar pensando en este cipote enredo en el que me quieres inmiscuir. La verdad no quisiera ayudarte, pero eres mi amiga y los buenos amigos se conocen en momentos de dificultad. No sé en donde estoy pisando, dejándome manipular por una enana de quince años, pero te voy a ayudar, eso sí prométeme, primero: que no vamos a matar a nadie y segundo que esto no me va a afectar en el colegio, porque eso sería como ponerle la guillotina en el cuello a mi padre. Y sabes que mi viejo trabaja como loco, para que nosotros podamos estudiar en este colegio de millonarios, sin serlo. Eso último lo dijo con dolor y pena por su padre.

Mira Magda, si tú me ayudas yo no voy a quedar a la deriva, ya sabes que mi abuela es lo único que me queda realmente en la vida, mi mamá después del divorcio, se desentendió de mí y de mi papá, nunca más he vuelto a saber, o sea que si mi abuela le deja su herencia a mi tío yo terminaré en un orfanato o algo peor, tú no te imaginas, cuando ese tipo está drogado, que es casi siempre, me mira con lascivia, él no es un tío normal, me habla de manera obscena y hasta ha tratado de entrar a mi cuarto, pero yo cierro con llave y además pongo una silla debajo del pomo, por si trata de forzar la puerta. La verdad, ya no sé que hacer, porque mi abuela cree que él es un santo y lo que yo le diga, ni lo escucha. En fin si no me quieres ayudar, no hay problema ya veré yo como hago, pero te estaré agradecida por el resto de mi vida si me ayudas.

Dale, ya te dije que sí, en eso he pensado estas últimas horas, así que explícame ¿cómo entro yo en este teatro?
Mira, el día que vengas a mi casa tú te traes esa manta guajira, que te pusiste cuando la exposición, sobre los indios Wayuu, que organizó el rector en la biblioteca. Cuando lleguemos a mi casa, entramos rápido en mi habitación, a esa hora, mi abuela estará en el jardín así que no nos verá llegar y mi tío, normalmente a esa hora, está en su cuarto haciéndose seguro una paja o metiéndose un "join" y oyendo a Nirvana o alguno de esos grupos de Rock duro, pero...

— ¿La manta guajira? ¿Y esa vaina pa'que?— La interrumpió Magdalena.
— ¡Anda niña! ¿Todavía no lo has pillao? Y sin dar ocasión a respuesta alguna, siguió:
Mira, en mi cuarto te pinto la cara, te pones la manta y vamos al jardín. Te presento a mi abuela y le digo que tú eres Wayuu y que te acabas de integrar al colegio, le comento como al descuido que tú sabes leer el cigarrillo y como a mi abuela le gustan esas cosas esotéricas, para picarla, también como no queriendo la cosa y la cosa queriendo; le digo que te traje para que me lo leyeras aquí.  Cuando estemos en el cuento, tú me dices que mi mamá sufrirá un accidente grave y que ves algo raro, como si yo estuviera viviendo en un orfanato, y pareciera que me maltratan.

Ah, pero ¿y si tu abuela no está ahí? Yo no voy a gritar pa'que se despierte el monstruo violador de tu tío.
No te preocupes, ella estará, ya lo verás y por mi tío no te preocupes, eso era lo que trataba de explicarte antes de que me interrumpieras. Mira a él le encanta tomarse mi avena y  se la voy a preparar, le pondré un par de Diazepam de los que toma mi abuela para la depre y dormirá como un bebé. Así que tendremos tiempo y espacio.

        En ese momento entró la profesora de vigilancia de ruta, y  las mandó a callar. Así que la conversación, tendría que seguir en otro momento. Neyla era la primera en bajarse, así que acordaron que al día siguiente fuera el gran día.

        Era viernes, Magdalena le había pedido permiso a sus padres, para ir a comer a la casa de su amiga y quedaron en que el padre la recogería entre cinco y seis de la tarde.
Las niñas se encontraron a la hora de la merienda y se sentaron en su sitio preferido a tomar su refrigerio, mientras ultimaban los detalles de la farsa.

Bueno amiga, ya sabes lo principal, ahora solo faltan las minucias, tú sabes, yo soy buena, linda y adoro a mi abuelita, pero ella parece que no lo sabe.

— ¿Eso no es como exagerar?, no creo que haga falta decir semejante mentira, porque tú no quieres a nadie que no seas tú.
Avísame si me vas a juzgar por luchar por
lo mío y no hacemos nada, con todo lo que te quiero y bien que lo sabes.— respondió la otra, poniendo cara de víctima.

Dale, sigue con tu plan, ya me metí, ya me jodí. Soy de una sola palabra te voy a ayudar, para que no te dejen en la calle y termines de puta o quien sabe que cosa aún peor. ¿ Cómo piensas hacer que tu abuela entre en el juego?— replicó Magdalena con irritación.
No te preocupes ya yo puse las primeras piedras, le dije que vendrás hoy a comer y bueno ya sabes se la pinté tan bien que quedó interesadísima.

        
        Viernes una de la tarde, suena el timbre que indica que a partir de ahí comienza el tan anhelado fin de semana de todos los escolares, Magdalena sentía un peso oscuro, era como si su aura estuviera de un morado intenso unido a un halo color ocre y otro terracota, símbolos de la tristeza, el pesimismo y el egoísmo. Caminaba sumida en sus pensamientos cuando se le acercó corriendo Neyla y le preguntó:
—¿Lista mi amiga? Vamos que te sigo explicando tu libreto. Verás, cuando mi abuela, te pregunte si le puedes leer el cigarrillo a ella tú le dices que no, porque no la conoces y a lo mejor tienes que decirle algo que no le guste y se vaya a enojar, que mejor en otra ocasión. Magdalena intentó decir algo, pero su compañera, no le dio oportunidad y continuó. — Tu tranquila, que ella te va a rogar, entonces le dices todo lo que acordamos.

Oye, yo no tengo cigarrillos, imagino que tú ya tendrás. — Y con sorna continuó— ¡Ah!... Y antes que nada vas y miras si el monstruo violador está „groggy“

        Todo se desarrolló como lo había organizado Neyla, la abuela hasta lloró por el dolor que le causaron las palabras de Magdalena, y abrazó a su nieta y le pidió perdón, a lo que esta haciéndose la tonta, le decía: 
Ay abu, no llores, si yo te quiero mucho estoy muy agradecida, porque me recogiste cuando mis padres me abandonaron has sido tan buena conmigo y yo te amo con todo mi corazón, si tu me faltaras moriría de pena. fue tan convincente que la abuela ya no pudo más y le confesó, lo que ella creía era su secreto.

Hija mía, yo tengo una reunión con mis abogados la próxima semana, para organizar mi testamento, pensaba dejarle una pequeña parte a tu tío y el resto a ti, pero ahora no creo que deba dejarle un solo centavo, por ser tan ruin traicionando mi confianza. Entonces  Magdalena que había permanecido callada, viendo como se desenvolvía todo, en ese momento se dio cuenta que su amiga era  manipuladora y malvada con la pobre anciana y como ella misma había caído de nuevo en sus planes maquiavélicos. Se levantó de la silla y se acercó a la ventana y como si estuviera pensando en voz alta dijo:
Señora, yo no creo que usted deba cambiar sus ideas, por algo que he dicho yo, no soy una profesional, esto lo hago solo por hobby y también me he podido equivocar. La cara de su amiga tuvo un cambió de colores, mientras sus ojos se iban agrandando, se llevó un dedo a sus labios para indicarle que callara, pero ella hizo como que no la vio y continuó. — No sería justo que alguno de los dos quedara a la deriva, sería muy egoísta dejarle todo a uno solo y además podría provocar un problema familiar. Yo sé que soy una adolescente y usted pensará que lo que usted haga será lo mejor. Estoy de acuerdo en que cada uno es responsable de su propio albedrío, por lo mismo me atrevo a sugerirle, que piense bien lo que va a hacer. Además, personalmente, creo que lo mejor sería que creara un fideicomiso para la parte de Neyla, en caso de ella fuera menor de edad cuando usted muera. Esperemos que esto tarde mucho porque yo la veo a usted muy, muy fuerte.

        Eso fue lo último que pudo decir Magdalena, en la cara de Neyla el último color que se reflejaba era el rojo y no precisamente por salud. En eso sonó el timbre de la puerta y Neyla fue a ver quien era, gracias a Dios era el padre de Magdalena, que se sintió salvada por la campana. Se despidió con un cálido abrazo de la señora y cuando se acercó a despedirse de su amiga esta le dio la espalda.

        El lunes, al subirse a la ruta escolar, Magdalena sintió que algo había cambiado y al llegar al colegio comprendió que haber ayudado a su amiga había sido el peor error que había cometido en su corta vida.

— ¡Bruja, bruja ja, ja, ja, ¿quien te crees para meter en la cabeza de una anciana una sarta de mentiras? Además engañar a tu propia amiga, diciéndole que eres vidente, solo para ganarte 500 pesos. 
¡Loca más que loca, eso es lo que eres! 

        Unos muchachos de los más fornidos la empujaron y cayó arrodillada, a los pies de la que creía era su amiga, a quien había ayudado, pero por tratar de ser justa ahora era ultrajada por los idiotas útiles, que se sentían amados porque recibían los favores amorosos de su amiga, como pago a sus trabajitos. Cuando levantó sus ojos, se encontró con la mirada de arpía de Neyla. No necesitaba que le dijera nada, para saber como sería su vida en el colegio los últimos meses antes de su graduación, si no pasaba algo...
Al día siguiente, mientras la ruta escolar recogía a Magdalena, la abuela de Neyla recibía una carta que cambiaría el destino de muchas vidas.



©María Vives Araújo 12.04.2021

Aachen, Alemania.

*Ilustraciones tomadas de la red.



miércoles, 7 de abril de 2021

 

      Hola mis amigos, yo no acostumbro ha escribir tan largo, pero esta vez se me ha ido la mano así que me he permitido fragmentar mi relato. Gracias de antemano por la comprensión. Espero disfruten la lectura.


                          Tere vs. Maléfica



Acryl sobre lienzo, 60 X40  M. Vives.



     Sentado en la sala de espera de una consulta médica, miraba en el acuario que tenían allí, quizá para tranquilizar a los pacientes o para distraer a los niños inquietos que venían con sus padres. El hecho es que me tocaba quedarme allí, durante media hora después de haber recibido una inyección, en prevención de complicaciones. En el acuario había una gran variedad de peces que parecían hablar entre sí, me recordaba la casa de mi amiga Tere.

    Mi amiga, tenía 8 hermanas por este motivo en esa casa había una agitación continua, ninguna de ellas había aprendido ni a coger una escoba o manejar un caldero, ni para hacer un arroz, mucho menos para lavarlo.

    Llegabas a esa casa y era como si entraras a un mercado persa, trapos de colores regados por doquier, maquillaje, medias de nylon, zapatos, bisutería y para más, todo este caos, lo manejaba la madre desde un sillón con pinta de trono de la madrastra malévola de un cuento de los hermanos Grimm.

    Las hermanas de mi amiga, eran todas diferentes unas más atractivas que otras, pero todas más que mi amiga. Bueno, eso decía ella, yo la verdad las veía a todas iguales, ni feas de susto, ni bonitas para derretirse, para mí eran comunes y corrientes, pero Tere tenía algo especial por lo que yo me sentía atraído, pero ella solamente quería ser mi amiga, había sufrido demasiado por amor y no precisamente por que lo hubiera sentido alguna vez.

    Ella era extrovertida, amiga de todo el mundo, capaz de convertirse en el alma de una fiesta. De hecho siempre, desde estudiante y después de profesional era la que se encargaba de organizar las fiestas y guachafitas; bebetas y paseos; y toda clase de eventos pachangueros. En su trabajo no era tan buena, como tampoco lo fue en su paso por la universidad, pero se mantenía en su trabajo por su carisma y su alegría.

    La madre, era de esas mujeres del siglo pasado, creía y aseguraba a pie juntillas, haber nacido con una cuchara de plata en la boca, pregonaba a quién la quisiera escuchar, que era una „Dama de alta alcurnia“. Afirmación que yo jamás pude entender, pues ni dinero ni nobleza, a lo mejor „pedigrí“. Me miro al espejo que esta a un lado de mi estudio y le digo a mi reflejo, con cara de malvado:— ¡Qué malo soy!

    La señora, estaba convencida de que por su afirmación ella también poseía el don de determinar quien era bella y quien no… A mi seguro me tenía entre los especímenes más feos que el creador puso sobre la faz de la tierra. A Tere la trataba como a la cenicienta, la hacía sentir como trapo viejo, que ningún buen uso podría tener, sino caer en la caneca de la basura. 

    A los 17 años la obligó a contraer matrimonio con un malnacido, Fernando, un pobre diablo; que lo único que tenía era una cara de ángel. Cuando este desgraciado llegaba borracho, la golpeaba, la violaba y la obligaba a rendirse ante él, así llegaron al mundo 6 hijos y un aborto, producto de tantas vejaciones, sin embargo Tere, amaba a sus hijos, se decía a sí misma que ellos no eran culpables de los pecados de su padre ni el miedo que se apoderaba de ella ante aquel miserable. 

    El día de la última vejación Tere tenía 5 meses de embarazo, ella trató de negarse, se sentía débil y temía por el bebé, entonces él la agarró del talle y la elevó por encima de su cabeza y la tiró en la cama, pero con tan mala suerte que su cuerpo chocó contra el borde, golpeándose su cadera y se oyó el típico sonido de huesos rotos, ella gritaba para que la ayudara, su dolor era intenso y luego todo fue silencio, el cara de ángel se largó dejándola en esa agonía. 

    Tere yacía desmayada a un lado de la cama en una posición difícil de describir, de su entrepierna manaba abundante sangre. Al escuchar los llamados de auxilio, la mujer que la ayudaba a poner un poco de orden en esos días en su casa, entró corriendo a la habitación y asustada llamó a la emergencia. Esto salvó a Tere, que tuvo que llevar un yeso por casi seis meses, pero su bebé murió. El cara de ángel desapareció, tiempo después Tere se enteró de que vivía con su nuevo amor, otro cara de ángel y dedujo que por eso se emborrachaba para tener sexo con ella, pues el muy maricón venía de una familia que no comulgaba con su tendencia afeminada y lo habían obligado a casarse con ella. 

    A partir de entonces empezó el verdadero calvario de mi amiga. En vista de la tragedia, tuvo que rogarle a su madre que la recibiera de nuevo en su casa, ya la vieja bruja vivía sola, así que en vez de verlo como una oportunidad para resarcirse con su hija, lo vio como el maná después de diez años sin pan en el desierto. Volvía a tener esclavos a su disposición. Además debía evitar las habladurías aunque le pesara la carga. Después de su recuperación, Tere encontró un trabajo en una empresa de servicios del estado, mientras los cuatro niños y las dos chiquillas, quedaban en manos de su madre a quien mejor, en adelante llamaré: „MALÉFICA“.

    Muchos hijos ayudan a sus padres cuando ya son solventes porque les nace, pero en este caso Maléfica, había creado una especie de impuesto obligatorio, con una tasa bastante alta y lo llamó „impuesto de crianza“, es decir ella les cobraba con retroactividad la crianza desde que nacieron y que pagarían hasta el fin de sus días. A Tere le exigía más, por fea, por la estancia y por la crianza de sus vástagos. 

    Tere ya no era la mujer alegre, festiva, organizadora de cada cumbancha, estaba aburrida, ya no soportaba la falta de amor de su madre, su codicia y su falta de apoyo verdadero. Estaba cansada de la vida que le habían obligado a vivir. Se había levantado pronto, no pudo pegar ojo en toda la noche. Se fue en volandas, sin terminar de arreglarse y con el pendiente de ir a pagar una de las tantas deudas que tenía, porque además de darle a Maléfica más de la mitad de su salario, le debía a medio mundo, por ropa, zapatos, además de servicio odontológico, para los hijos, que dicho sea de paso estaban siendo tan malcriados por la abuela, que ya se consideraban reyezuelos y princesas. Cabe agregar que Tere también se endeudaba para estar a la altura de sus colegas, por ese complejo que la acompañaba desde que nació —Soy fea.

    Por lo tanto no podía soportar parecer más fea, porque no vistiera a la moda. Faltaba una semana para el cumpleaños de Maléfica y Tere sabía que igual lo que le regalara, valdría cero en el haber de su madre. Amaba a su madre a pesar de todo, pero algunas veces deseaba que desapareciera de su vida y de la de sus hijos. Fue entonces cuando pensó por vez primera en el suicidio. 

    Aquel día se arregló tan bien que, hasta su madre había quedado regando la baba cuando la vio descender por la escalera. Con una ceja enarcada y voz de detective Poirot, le preguntó — ¿A dónde vas que te has puesto tanto potingue? Tere, sin responder, salió dando un portazo, que hizo temblar los ventanales. Había tomado una semana de vacaciones de su trabajo.

    Después de haber hecho algunas diligencias, se fue directo a la botica de la calle San Blas y como si fuera lo más natural del mundo pidió al boticario que le vendiera cuatro onzas de estricnina en polvo. Corrían los años sesenta y en aquel tiempo todavía no estaba prohibida la venta libre de este veneno, sin embargo el dependiente le preguntó: — ¿Es para las ratas?

Con prevención le respondió: —Sí, he visto hoy por la mañana unas ratas gordas corriendo por uno de los muros del patio de mi casa, además del asco que me producen esos bichos asquerosos, temo por mis gallinas; así que esta noche cuando las meta en el gallinero, regaré algunos trozos de queso cubiertos con el polvo y pondré chocoritos llenos del polvo ligado con agua, a ver si esta técnica me funciona.

— Bueno en caso tal que no le funcione, vuelva y le daré algo más fuerte, pero deberá tener mucho cuidado, al igual con este polvo, no sea que alguien por equivocación lo pruebe, así que le recomiendo lo haga lo más alejado de la cocina o por donde haya niños o ancianos. Ellos lo prueban todo sin preguntar.

Sí, sí gracias, lo tendré pendiente, respondió. Hasta otra, que en verdad espero que no sea necesario.

Sí claro, que tenga suerte, hasta otra.

    Cuando llegó a su casa, subió corriendo las escaleras, no tenía deseos de saludar a nadie y mucho menos tener que explicar su actitud de la mañana. Entró en su habitación y cerró con seguro la puerta, sacó el paquete que contenía el veneno, tiró su bolso al lado del tocador y se sentó en su cama. Recostando su espalda a la cabecera de la cama y encogió sus piernas abrazándolas con fuerza contra su pecho, apoyó la cabeza en sus rodillas, sin apartar la vista del paquete y entró como en trance, cavilando en un susurro: — ¿Cómo lo haré? ¿A qué sabrá esto con cola, alcohol, té o café? ¿Y si lo pongo en la sopa? No sabía como hacerlo y sentía que se acobardaba, así que decidida bajó a la cocina, donde encontró a su madre impartiendo órdenes a las empleadas: — No le pongas tanto ajo a la carne mechada, muchacha, que después pasan semanas antes de poder comunicarnos con los seres humanos normales. La empleada se reía por lo bajo y la mujer le replicó: — No te rías, que es verdad, nosotros nos parecemos a los que huían de los vampiros con tanto ajo que comemos. La jovencita le dijo en tono zalamero: — ¡Araj niña Cora! Ni que no le gustara lo que cocinamos mi amá y yo, bien que la veo raspando el cucayo en los calderos, cuando todos se han ido de la cocina.

    En ese momento, casi fungiendo como mediadora, y sin darle tiempo a la madre para continuar con la riña, Tere dijo: — Tomasa, Petra, vayan poniendo la mesa que yo termino de organizar, mamá si usted quiere siéntese que yo me encargo del resto aquí, muchachas pongan dos cubiertos más, hoy se sentarán junto con nosotros a comer.

    La anciana hizo ademán de replicar, pero Tere alzo la mano frenándola y con gesto adusto en su cara le dijo: — Mamá mejor, pare su lengua, antes de que tenga que lavársela con lejía. Sin embargo, no era tan fácil someter el rebelde comportamiento de su madre quien le soltó una de sus repetidas retahílas: — ¡Anda, pero mira tú quien viene a mandar, la artista de la Metro*! ¿Dónde andabas? Puteando con seguridad no, porque con lo fea que eres y a pesar de recargarte de potingues la máscara, ni un borracho te miraría. Desapareces desde temprano y me dejas toda la carga de responsabilidades de esta casa. Pero claro la princesa se vistió de Afirafá* y como la ratona golosa se fue de paseo, sin pensar en que esta pobre vieja, ya no está para estos trotes, no sé para qué pediste las tan aclamadas vacaciones, si vas a andar del Timbo al Tambo.

    Y con una mano en la cadera como si tuviera un gran dolor, se acercó al borde de la mesa y arrastrando la silla y pies, asida de la mesa siguió despacio, como la actriz que era, hasta acomodar sus grandes nalgas en la cómoda silla. Tere solo la miró con tristeza, en esa mirada había una nota de despedida, un: „Me voy para siempre mamá“„Por fin descansaré de tus maltratos mamá“

     Las muchachas de la cocina dispusieron la mesa, hoy no sería un batallón, solamente estarían, Lucy la hija mayor de Tere, Juanpi uno de los menores, los otros cuatro comían en la escuela; Doña Cora; la madre, una de las hermanas de Tere; Laya, quien llegó sin avisar y las chicas del servicio, llamarlas así le molestaba a Tere sobre manera, siempre decía que ese forma de llamar a sus empleadas tenía un estereotipo feudal.

    A la hora de sentarse a la mesa las empleadas no sabían que hacer, si sentarse o devolverse a la cocina, puesto que doña Maléfica tenía cara de puño y Laya hacía un gesto de desagrado, torciendo nariz y boca. Después de haber servido a los demás, Tere salió de la cocina con su  su plato de sopa, se sentó y le pidió a las mujeres de la cocina que también se sentaran, que todos somos iguales a los ojos de Dios y que ni todo el oro del mundo podría limpiar jamás la conciencia de la personas ante los ojos del Creador.

    Sentados todos Tere dio unas palmas y dijo señalando a las dos empleadas: — Hoy se han cambiado las reglas de esta casa, quizá sea la única vez, pero les quiero agradecer que por muchos años nos ayudan y soportan a esta familia tan disfuncional, donde la cabeza de hogar que se suponía debía ser mi padre jamás tuvo el privilegio de fungir como tal, solo era un esclavo más de mi madre, al que exprimió hasta matarlo.

    Seis pares de ojos tan abiertos que parecía se saldrían de sus órbitas, la miraban, las cucharas quedaron suspendidas en el aire y se escuchaba hasta la respiración de las moscas que habían entrado por la ventana que daba al patio, que habían abierto para que entrara un poco de aire fresco.

    La madre, se levantó con furia, la silla cayó a sus espaldas, golpeó con toda su fuerza sobre la mesa y le grito: — ¡No voy a permitir que me faltes al respeto! ¿Quién te has creído, para ultrajarme delante de las sirvientas? ¿Te has vuelto loca o estás drogada?
Los niños chillaban — Abuela, por favor cálmese, que le puede dar algo. Laya alcanzó un pedazo de cartón y empezó a batirlo delante de la cara de su madre mientras ordenaba a las empleadas: — Traigan agua y tu Lucy, sube y trae el medicamento de la abuela, creo que le está dando un infarto. Si le pasa algo a mi mamá, hago que te pudras en la cárcel. Eres una inconsciente, no ves que ya es una viejita, no tienes ni gota de compasión— dijo señalando a Tere, que como si nada hubiese pasado, había empezado a tomar su sopa, mientras a su alrededor el mundo de fantasía de su madre se caía a pedacitos.

    Tere terminó su sopa, se levantó y salió de la estancia, dejando atrás el bochinche que había armado, subió a su habitación, se dio una ducha rápida, se vistió con un hermoso vestido, que nunca había tenido la ocasión para usar y se acostó a esperar.

    Mientras abajo, en el salón, ya habían llegado los paramédicos, que atendían a la madre. Le informaban a Laya el procedimiento a seguir, la llevarían a la clínica, pues al parecer había sufrido una T.I.A.* y a su edad esto podría ser fatal. Los paramédicos estaban organizando para llevarse a la enferma, mientras Laya, muy enojada subió a la habitación de Tere con ganas de golpear a su hermana. Al entrar sin tocar la puerta, dio un grito de horror, Tere estaba tendida en la cama de manera grotesca, tenía rígidos los músculos de la cara, de su boca salía una espuma amarillosa, su cabeza estaba torcida hacía la izquierda y su cuerpo parecía como el de una muñeca rota, con movimientos convulsivos, pero esa rigidez le recordaba al empleado de la finca, que murió de tétanos siendo ellas pequeñas.

    Salió disparada, escaleras abajo, llamó a médico de emergencias, que aún no se había subido a la ambulancia, le pidió que viniera con ella, explicándole lo que acababa de ver. El doctor, le dijo a los paramédicos, que avisaran que necesitarían otra ambulancia en la misma dirección que era urgente, y los despidió. Subieron a la habitación donde Tere yacía convulsionando, aunque consciente, sus signos vitales estaban muy bajos, su oxigenación era casi nula y la saturación estaba debajo de 60%, la tensión arterial 62/40/105, si no llegaba pronto la ambulancia no iba a haber mucho que él pudiera hacer. 

    Hizo que le subieran una cuchara, para evitar que partiera su lengua a causa de las convulsiones, como pudo logró introducirla en la boca de Tere que tenía un episodio agudo de epilepsia y la golpeó con los nudillos con fuerza a la altura de las clavículas, para que reaccionara y poder saber que había ingerido, en ese momento, subió una de la empleadas con una bolsita que contenía un polvo blanquecino y se lo entregó a Laya, diciendo:— Esto lo dejó la niña Tere en el mesón de la cocina huele muy feo, mi amá dice que huele a veneno; ella lo entregó al médico, que solo al sentir el amargo olor supo de qué se trataba. Sacó de su maletín una ampolleta de Diazepam y se la inyectó en la vena a Tere, seguidamente la cargó, la metió en la bañera y sacó una dextrosa y arranco la manguera, pidió que le trajeran un recipiente de más o menos un litro, lo llenó de agua un poco más caliente que tibia introdujo la manguera y después de aspirar, el otro extremo lo introdujo en la boca de Tere, para inducirle el vómito. 

    Al rato subió Lucy avisando que la ambulancia había llegado, ya el episodio de epilepsia estaba remitiendo y Tere vomitaba en abundancia, los paramédicos la subieron a la camilla le pusieron una dextrosa, con otra ampolla de Diazepam y la llevaron a la clínica.

continuará...

© María Vives.


Metro*, se refiere a artista de la Metro-Goldwyn-Mayer

Afirafá* Afi-Rafá una sultana turca de modales muy afectados y vestidos estrafalarios, de una novela de los años 60

T.I.A.* Transitorische ischämische Attacke de las siglas en alemán, una isquemia cerebral no severa

miércoles, 17 de marzo de 2021




         CONOCIENDO A DOS GRANDES


Las dos chicas se habían volado de la escuela, Lía no acostumbraba a hacerlo, pero Olga era dominante y la obligaba a ir con ella. No hacían
 Las dos chicas se habían volado de la escuela, Lía no acostumbraba a hacerlo, pero Olga era dominante y la obligaba a ir con ella. No hac nada que no hiciera una chiquilla de 13 años. Iban a mirar vitrinas a la Avenida Kennedy, que en aquel entonces era la zona rosa de la ciudad, entraban a mirar a los muchachos que se reunían en el estadio de baloncesto, siempre riendo y haciendo bromas y casi siempre, terminaban en la heladería de los patines. La llamaban así porque los jóvenes de ambos sexos acudían allí con sus patines; pero en realidad se llamaba „Dixie Ice“, ahí se forjaban los idilios más sonados, de las altas esferas de la sociedad de Barranquilla. Ellas solo iban a comerse el rico helado, un cono enorme rebosado de crema de leche, si el dinero no era suficiente para el helado, caminaban un poco más y entraban al supermercado y le zampaban unas cuantas „Piñitas“, unos panecillos de leche azucarados.

Ese era el fin de sus escapes, pasado el medio día, desandaban el camino para tomar el bus de retorno a sus casas, estas salidas solo se daban de vez en cuando y siempre viernes, cuando tenían clases de religión y artes manuales. La seño Rebeca, maestra de religión, se dormía y la mayoría de las niñas también terminaban roncando, con la seño de labores manuales, no se dormían, pero ellas odiaban la labor de ganchillo, así que era el día ideal para sus aventuras.
Aquel viernes de aventuras en el año de 1973, comenzó cuando en la puerta del almacén de Don Julio, encontraron a un niño de unos 8 años vendiendo pirulís y maní en bolsitas del ancho de un dedo.
Lía que conocía el asco por cuenta de su madre, le preguntó al muchachito que quién empacaba el maní en esas bolsitas, a lo que el niño contesto: — mi mamá tuesta el maní y mis hermanitos y yo soplamos las bolsitas y las rellenemos. Lía todavía tenía más preguntas así que prosiguió: — Pero, ¿si tienen gripa, también? En su inocencia el niño respondió: — Claro que sí, no ves que mi mamá no puede hacerlo todo sola. Lía ya sabía que no comería maní y lo más probable era que tampoco comiera los pirulís, pero solo de ver las ropitas remendadas del niño y los zapatos cortados en las punteras, por donde sobresalían unos deditos largos de piel cuarteada y mohosos de polvo, decidió que esa sería su buena obra del día. Olga se adelantó y le dijo al niño:
— Eres muy pequeño para trabajar, ¿no tienes papá?
—Mi papá se fue a otra ciudad porque le ofrecieron un empleo, pero desde entonces no lo hemos vuelto a ver, la vecina le dijo a mi mamá que por allá en los montes, los ricos y el ejército matan a los hombres y después dicen que eran guerrilleros.
—Yo no creo en esos cuentos, el presidente es bueno y el ejército cuida a los ciudadanos, eso lo aprendimos en la clase de Cívica, tú no sabes? dijo en tono de reproche Olga.
—Como voy a saber, si yo debo conseguir la plata para el agua panela y las mogollas.
— Oye, ¿cómo te llamas? Preguntó Lía, mientras Olga le daba un tirón de pelo, diciéndole:
— Bueno mija, ¿nos vamos a quedar todo el día sacándole hasta el carnet de identidad al pelao? Ya ahorita nos tenemos que devolver pa‘la casa y ni helao hemos comío. Apúrate y deja ya al pelaíto en paz, no seas tan chismosa. Y Lía que era medio comunista, le dijo: — Espérate niña, ya nos vamos, déjate de vainas. Y dirigiéndose de nuevo al muchachito: — Ajá, entonces ¿cómo es que te llamas? El niño respondió: — Me llamo Efraín, pero en mi casa me dicen Efra y terminó agregando: —Entonces me van a comprá o no?
A Lía le causó gracia la respuesta del niño y le dijo: — Sí, hombe, te los vamos a comprar todos, ¿cuánto cuesta todo?
El niño pensó que la niña quería tomarle el pelo y con ojos abiertos como platos le dijo: —¿Verdá que los quieres todos? No me vengas con embustes, porque esto cuesta mucha plata, yo creo que son como cinco pesos todo.
Lía con su cara serena y sonriendo como siempre respondió:— No niño, así tenga que pedir limosna te los vamos a comprar toditos. Y dirigiéndose a Olga, dijo: — A vé cuanto tienes tú ahí, porque yo hoy no traigo mucho. Entre ambas alcanzaron a reunir treinta y ocho pesos con sesenta y cinco centavos.
Sentados los tres en el sardinel, Lía y Olga contaban la mercancía y sacaban cuentas, de inmediato notaron que eran mucho más de cinco pesos. Así que apartaron lo de los helados y el transporte de regreso a sus casas y Olga dijo al chiquillo: — Mira Efra, en realidad tus dulces cuestan más de lo que nos dices, pero te vamos a dar esto para que ya vuelvas a tu casa y tu mamá pueda hacer algo rico para comer. El niño nunca había visto tanto dinero junto, con temor a que las niñas se fuesen a arrepentir y mirando con desconfianza comentó: — Bueno, mira que me dieron esta plata por propio gusto, ahora no me vayan a perseguí ni me echen a la policía, porque yo nunca le he robao un peso a nadien. Además al que da y quita se lo lleva la mariquita. Esta vez la que habló fue Lía:
— No te preocupes Efra, negocio es negocio. Dime una cosa, ¿de verdad tú no vas a la escuela? La pregunta sacó al niño de sus pensamientos y con mucha tristeza contestó: — N‘ombre, ¿cómo voy a ir? Mi mamá lava ropa ajena en la casa, ella no puede salir, porque tiene una pierna enferma la vecina dice que es arisepela o algo así. Así que como soy el hombre de mi casa, yo tengo que buscá pa‘la papa, si no nos murimos d‘ambre. Al escuchar la respuesta a las niñas les rodaron por las mejillas lágrimas que no pudieron contener. Así que casi al unísono le preguntaron si le gustaría estudiar. El chico respondió con un gesto afirmativo de su cabeza:— Claro que sí me gustaría, yo quisiera ser ingeniero pa‘cerle una casita a mi mamá y a mis hermanitos, pero es solo un sueño, en este país, los pobres no podemos estudiar. Lía viendo la triste vida de aquel niño dijo:
— Efra, siento mucho que tu mamá tenga erisipela, he oído que es una enfermedad muy difícil de curar, dime ¿tú vienes todos los días a este lugar? Nosotras te vamos a ayudar, hablaremos con nuestras maestras, para ver como te ayudamos, ¿qué te parece? Con sus ojitos llenos de una esperanza que no duró más de un minuto, contesto: — Ojalá fuera así de fácil, pero nosotros semos pobres.
— Mira Efra, por lo pronto alégrate, hoy volverás pronto a la casa y tus hermanitos se alegrarán. Ahora te invitamos a comer un helado, ¿cómo la ves?
— No, mejor me voy a mi casa, para que mis hermanos puedan comer algo.
— Bueno, ¿qué te parece si nosotras vamos volando y te traemos un helado y nos vamos juntos a la parada del bus? Y sin darle tiempo a responder, las dos chicas se fueron corriendo a buscar el helado para ellas y su nuevo amiguito.
Atravesando la calle del parque, Lía reconoció a un señor que era un periodista muy conocido por las crónicas que escribía en el periódico de la ciudad, estaba sentado en la terraza de una refresquería que se llamaba "El Mediterráneo". El señor que no era otro que Juan Gossaín, estaba reunido con otros señores, que seguramente también serían periodistas. A la niña se le ocurrió una idea relámpago y tirando de la mano a su amiga se acercaron a la terraza y desde la acera, con voz suficientemente alta saludo al hombre: — Buenos días señor Gossaín, ¿podemos hablar con usted un minuto? Un hombre con un bigote como la brocha de la propaganda de Pintuco, que estaba sentado al lado del periodista, haciéndoles señas para que se acercaran, dijo con una sonrisa franca dibujada debajo de su bigote de brocha: — No irán a hablar desde la acera pelaítas, suban que don Juan hoy firma autógrafos. Ese señor bigotón lo reconocerían años después a través de la Prensa, era nada más y nada menos que Gabriel García Márquez, quién ganaría el premio Nobel en 1982.
Juan Gossaín, escucho atento la historia que rápidamente contaban las niñas y les dijo: — Claro, ¿dónde está el niño?
— Allí en la puerta del Ley, venga vamos, ayúdelo.
A la mañana siguiente en la primera plana, a cuatro columnas como era costumbre con las Crónicas de Juan Gossaín en el periódico El Heraldo, apareció la foto de Efraín Barrios bajo el título: "Efraín si irá a la escuela", en otra foto Efraín con su mamá y hermanitos en la puerta de una casa de cartón con techo de latón, el pie de foto decía: "Efraín y su familia, pronto tendrán una casa digna."
Hoy después de casi 50 años Don Juan Gossaín no recordará este episodio de su vida periodística y el maestro de maestros, nuestro premio Nobel, se fue a la tumba y de aquellas dos chiquillas temerarias ni el nombre supo.
 ©María Vives.


*Imagenes tomadas de la Red.

martes, 9 de febrero de 2021

                                    

                           Acryl sobre lienzo 60X40 2015 M. Vives            


                                 EL ADÁN

El hombre vivía solo, no recuerdo si tenía mascota, pero ni mujer, ni hijos, a decir verdad no le conocía familia. Siempre iba al kiosco a comprar su tabaco, eran unos tabacos de esos gordos, con un olor horrible, pero que a él parecían deleitarle. Tengo que decir que no era un hombre feo, tenía facciones finas de piel blanca, de esa que se pone roja con el sol, era peludo lo que me hacía pensar que era de origen moro o griego o quizá ibérico, en fin, era esto para la vista... Desagradable, lo de peludo, digo. Tenía un olor de esos que te pueden dejar frito y por favor que no sintiera yo su aliento, oh santo padre, salía de su boca un olor a poceta que no hay manera de describirlo, solo diciendo … ¡Mierda!
Bueno, llegó un día que me tocó acercarme a su casa pera entregar un paquete que había llegado por correo y como el hombre, a quién llamaré Pertúz, no estaba, el cartero lo dejó en mi kiosco.
Llegando a su casa, no había alcanzado a tocar cuando se abre la puerta y aparece el sujeto, me mira y me dice: 

— Anda chico, que lo que traes es para mí. Con una sonrisa que dejaba ver los dientes llenos de sarro, como si no se los hubiese lavado en meses. Yo que soy el típico pueblerino, alargué mi ojo para dentro de la casa, así como de soslayo y que impresión me he llevado. ¿Han oído ustedes alguna vez sobre el síndrome de Diógenes? Pues, estoy convencido de que este hombre lo sufre. Lo que alcancé a ver era tremendo, bolsas, periódicos, botas sucias de lodo, ropa regada por doquier y toda clase de chécheres indescriptibles. Yo estaba tan anonadado mirando todo ese reguero de cosas, que no oía que el hombre me hablaba, él sentado en un banco de cemento que estaba adosado a la entrada de su casa, me decía: 

— Esto que me traes, lo envía alguien a quien quiero, pero la perdí por pendejo. Mientras, iba desgarrando la envoltura del paquete, al fin lo que yo pensaba que era una caja gigante de chocolatinas, era un cuadro, un cuadro muy bonito, en él se veía una pareja que caminaban, tomados de la mano por la orilla de una playa y un cielo adornado por una luna plateada. Luna llena, pensé. Sin dejar que el hombre siguiera abriendo su corazón, más por pesar y asco, que por falta de ganas de saber más, me despedí rápidamente y subí en mi coche y desaparecí. Pero tenía esa espina que te pincha para investigar más a fondo. Solo que no quería estar sentado al lado del señor Pertúz para no tener que sentir su tufo producto del tabaco y seguramente algún ron barato o quién sabe que menjurje bebía aquel hombre.


Se dio un día que pasando por la panadería de la urbanización, me llama la panadera para que, le recibiera un paquete que debía llegar al otro día, porque ella debía ir a la reunión anual de la lucha contra el cáncer. Y yo, aprovechando la gabela, le pregunté como al descuido, si ella conocía bien al señor Pertúz.
Celia, que así se llamaba la panadera, me hizo una seña de confidencia entonces se acercó mucho a mí, con ese típico gesto de aquellas señoras de vecindario que se conocen la vida del prójimo al derecho y al revés y empezó a hablar en susurros …
—Yo no sé si debo contarte esto Plácido, dijo Celia entrecerrando los ojos y haciendo un mohín con la nariz y la boca.
— Ese pobre hombre ha perdido a la única mujer que de verdad lo amó, ella es una mujer muy culta, elegante y atractiva, una profesional con buena posición económica, que venía de uno de esos países tan avanzados, había conocido al señor Pertúz en una feria y se había enamorado perdidamente de él. Yo la interrumpí con mirada incrédula y le dije:

Pero como puede ser que una mujer como la que me describe, se pudiese enamorar de ...«Eso»
—No Plácido, atajó Celia, el señor Pertúz no fue siempre … «Eso»
-—Él no era adinerado, ni mucho menos, pero vivía bien, siempre bien puesto, iba siempre a la moda, tenía un coche normal, pero sabía a qué vara agarrarse para tenerlo todo, él había aprendido el oficio de albañil, pero con un ego más grande que un centro comercial, aquí entre nos, creo que era narcisto, ya sabes esos que están enamorados de sí mismos, él se creía un Adonis y la verdad era apuesto, pero no para tanto.

Naricisista dirá usted, yo no podía dar crédito a lo que me contaba la panadera.
— Sí, eso. Pues mira antes de la joven Grace, él había vivido a costas de una mujer de avanzada edad, como «edecán» y además tiene varios hijos con diferentes mujeres. No me pongas esos ojos de plato, que todo lo que te estoy diciendo es la pura verdad y si no me crees no te cuento más. Bien puedes ir a la parroquia, el curita te confirmará lo que te digo.
— No Celia, es que… Es que, bueno... Me parece una fantasía imaginar que el señor Pertúz además de guapo y Narciso encima va a ser gigoló. Pero siga, mejor que usted me cuente, al curita no le caigo bien, dice que soy entrépito.
—Mmm… Dijo pensativa Celia — Yo también lo creo, pero bueno, en realidad no eres de por aquí y es bueno que los nuevos conozcan a los otros parroquianos, así que si no me interrumpes te termino de contar la historia del señor Pertúz.
Y aclarándose la garganta continuó:— Grace venía frecuentemente y él a su vez iba a visitarla a su país, todo costeado por ella, hasta fueron a África y también estuvieron en Oriente, no sé bien en que país, pero él volvía de cada viaje más henchido de gloria, se ufanaba en la cafetería, de su ropa costosa, de que vivía en su palacete, en fin ya sabes beber el vino más caro comer exquisitamente y regodearse por vivir en un palacete.
Porque has de saber que, esa casa donde vive, es herencia de sus abuelos, y la tiene llena de trastos antiguos sin ningún valor, pero él siempre se vanagloriaba de sus «riquezas».

Sí, hoy he visto algo de sus tesoros, dije volteando los ojos.

Los vecinos siempre se burlaban de él a sus espaldas y adoraban a la joven Grace, porque era dulce, amable atenta con los ancianos sobre todo. Tanto así, que organizó una tarde de lectura para las ancianas, les contaba historias, les enseñaba manualidades, en fin se hizo querer de todos los parroquianos. Cuando el señor Pertúz se dio cuenta de que él estaba perdiendo popularidad, le entraron celos de su amada y cuando ella estaba aquí, la quería mantener encerrada, ya no permitía siquiera que ella encendiera las luces, según él, porque eso era mucho despilfarro, además, la trataba casi como a una prisionera. Al principio ella aceptaba paciente la imponencia del hombre, pensaba que era normal que le dieran celos, porque ella venía a pasar con él no con el resto de vecinos, pero cada vez fue de mal en peor.

Pobre mujer— Interrumpí y la insté a continuar.

—Sí, pobre. Un día en que la golpeó tanto, que ella quedó inconsciente y él se asustó mucho, así que llamó a los paramédicos y antes que ella despertara él contó que ella era muy traste y medio cegatosa y había rodado por las escaleras. La joven estuvo casi un mes en el hospital, tuvieron que operarle un brazo roto, que al fracturarse le cortó la carne. Dos días antes de salir del hospital, la vino a ver la inspectora de policía y Grace contó la verdad, le dijo a la inspectora que ella perdonaba al señor Pertúz, pero que no quería volver a esa casa, que por favor la ayudara a salir del hospital directo al aeropuerto porque no quería saber más de este pobre hombre. Que ella pensaba que tenía un problema mental, pero que ella a pesar de amarlo no se sentía con ánimo ni fuerzas para ayudarlo.

El resto de esta historia son los cabos que he imaginado e hilvanado. Ya en el avión Grace, sentada al lado de la ventana, miraba como desaparecía el gran Río Magdalena y se quedó dormida.

Como todo en la vida se sabe, esta historia se filtró, así que a partir de ahí el señor Pertúz fue la burla directa de los vecinos ya no lo hacían a sus espaldas y él dejó de asearse, de acicalarse y se dedicó a beber como un bucanero y fumar como una chimenea vieja, huele muy mal y ya la gente lo que siente por él es lástima.
No lo castigaron porque la joven Grace no quiso interponer demanda alguna. Él sigue recogiendo basura y la amontona en lo poco que queda de su «palacete». Se convirtió en un Adán.

 ©María Vives.

                                               

                          

 

                                                    *Imagen tomada de la red.
                    

                        AL OTRO LADO


Margo y Paco, se sentaron a tomar el sol, quedaron casi enseguida adormilados, mientras Lu y Xena corrían gritando y riendo, de un lado a otro, por la playa, con el Papalote con forma de gavilán.
Xena llegó gritando y llorando:
— Mamá, papá. Lu se fue por el aire.
Se levantaron al tiempo, como impulsados por un resorte o por el terror.
— ¿Dónde está tu hermano Xena? La niña ya corría con gran ventaja, delante de ellos señalando un punto en el horizonte.
Lo último que escucharon gritar a su hija fue:
— Mami, papi; Lu se fue por aquíííí…
© María Vives
                               


  REMINISCENCIAS Recuesto mi cabeza en tu regazo, acaricias mi cabello como cuando era una niña pequeña. Cierro mis ojos y mi memoria retroc...